Matajuro y el arte de la espada

Esta es una narración que proviene del libro “Shaseki-Shu”, redactado a finales del siglo XVIII por el maestro Muju, uno de los seguidores de la disciplina Zen de meditación y disciplina. Es la historia de Matajuro Yagyu, hijo de un famoso espadachín. Su padre, creyendo que el esfuerzo de su hijo era mediocre para volverse maestro, lo desheredó.

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Esta es una narración que proviene del libro “Shaseki-Shu”, redactado a finales del siglo XVIII por el maestro Muju, uno de los seguidores de la disciplina Zen de meditación y disciplina.

Es la historia de Matajuro Yagyu, hijo de un famoso espadachín. Su padre, creyendo que el esfuerzo de su hijo era mediocre para volverse maestro, lo desheredó.

Así que Matajuro se dirigió al monte Futara donde encontró al famoso espadachín Banzo, quien confirmó el juicio de su padre.

“¿Deseas aprender el arte de la espada bajo mi tutela?”, preguntó Banzo. “No cumples con los requisitos.”

—¿Pero si trabajo duro, cuántos años me tomará convertirme en un maestro?, persistió el joven.

—El resto de tu vida, dijo Banzo.

—No puedo esperar tanto, explicó Matajuro. Estoy dispuesto a pasar por cualquier prueba si aceptas enseñarme. Si me convierto en tu devoto sirviente, ¿cuánto me tomará?

—Oh, tal vez 10 años, consideró el maestro.

—Mi padre está muy anciano por lo que pronto tendré que hacerme cargo de él, continuó Matajuro. Si trabajo con mucha más intensidad, ¿cuánto me tomará?

—Oh, tal vez 30 años, dijo Banzo.

—¿Cómo?, preguntó Matajuro. Primero dices 10 y ahora 30. ¡Pasaré por cualquier prueba para hacerme maestro de este arte en el menor tiempo posible!

—Bueno, dijo Banzo, si es así tiene que permanecer conmigo por 70 años. Un hombre con tanta prisa como tú por obtener rápidos resultados rara vez aprende rápido.

—Muy bien, declaró el joven, comprendiendo finalmente que se le reprochaba su impaciencia, aceptó.

Banzo ordenó a Matajuro nunca hablar sobre esgrima y jamás tocar una espada. Cocinó para su maestro, lavó las ropas, hizo la cama, cuidó el jardín, limpió el patio, todo ello sin una palabra acerca del arte de la espada.

Así que pasaron tres años y Matajuro siguió trabajando. Al pensar en su futuro se entristecía. Ni siquiera había empezado a aprender el arte al que había de dedicar su vida.Pero un día Banzo se le acercó a hurtadillas por la espalda y le dio un gran golpe con una espada de madera. Al día siguiente, cuando Matajuro estaba cocinando arroz, Banzo saltó de nuevo sobre él inesperadamente.

Después de aquellos ataques, día y noche, Matajuro tenía que defenderse de golpes inesperados por lo que aprendió tan rápidamente que hizo sonreir al maestro. De tal modo que Matajuro se volvió el mejor espadachín del país.

Moraleja

Esta historia nos recuerda aquel viejo lema de “no pensar, sino actuar inmediatamente”. Es decir, cuando uno más se preocupa, cuanto más esfuerzo mental se quiere poner a las cosas, más se complicarán.

Al igual que Matajuro, cuanto más trabajo se desee invertir, sobretodo trabajo mental, más tiempo se tardará por lo que uno será menos resolutivo. Así que hay que lanzarse a llevar a cabo la idea de emprendimiento y no perder mucho tiempo pensándolo.

El Maestro Banzo dejó la mente a un lado, y ofreció al joven espadachín el arte, directo y puro. Atacar y defenderse, ese era todo el misterio. ¡Qué historia más reveladora!

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Vía: pijamasurf.com
Foto: manoloartesmarciales.blogspot.com

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