Luis y los panqueques


Una gran reflexión que nos trae esta historia de "Luis y los panqueques" que se puede aplicar a la vida cotidiana como a la vida como emprendedores.

Te invito a leerla y pensar en cuántas veces pasamos por este tipo de situaciones y analicemos cómo reaccionamos.

Luis es un niño de 6 años.

Un buen día decidió despertarse antes que sus padres para prepararles el desayuno.

"Humm, les haré unos ricos panqueques", se dijo a si mismo y empezó a buscar los implementos en la cocina.

Un tazón grande, un cucharón.

Buscó el paquete de harina que con las justas podía levantarlo, subió a una silla para estar a la altura de la mesa.

Al levantar el paquete de harina, quedó casi la mitad desparramada entre la mesa, la silla y el suelo.

Tomó lo que pudo con sus pequeñas manos y la puso en el tazón, agregó leche y azúcar.

La mezcla dispareja empezaba a chorrear por los bordes.

Las huellas de harina estaban por toda la cocina.

Pasados unos minutos y con el cucharón en mano, Luis estaba totalmente cubierto de harina y empezaba a frustrarse.

Su intención era darle un rico desayuno a sus papás, pero todo le estaba resultando al revés.

Ya no recordaba qué más debía agregar a la masa, si debía meterlo en el horno (que no sabía utilizar) o en la sartén.

Otra vez se acercó a la mesa y por accidente botó una botella de leche al piso, los huevos rodaron de la mesa y se quebraron.

Intentó limpiarlo, pero resbaló y su pijama se llenó de todo aquello que estaba tirado en el piso.

Por el ruido, su padre se despertó y bajó a la cocina.

Luis levantó la mirada y vio a su papá en la puerta.

Las lágrimas empezaron a•••

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Una gran reflexión que nos trae esta historia de “Luis y los panqueques” que se puede aplicar a la vida cotidiana como a la vida como emprendedores. Te invito a leerla y pensar en cuántas veces pasamos por este tipo de situaciones y analicemos cómo reaccionamos.

Luis es un niño de 6 años. Un buen día decidió despertarse antes que sus padres para prepararles el desayuno. “Humm, les haré unos ricos panqueques”, se dijo a si mismo y empezó a buscar los implementos en la cocina. Un tazón grande, un cucharón. Buscó el paquete de harina que con las justas podía levantarlo, subió a una silla para estar a la altura de la mesa. Al levantar el paquete de harina, quedó casi la mitad desparramada entre la mesa, la silla y el suelo. Tomó lo que pudo con sus pequeñas manos y la puso en el tazón, agregó leche y azúcar. La mezcla dispareja empezaba a chorrear por los bordes. Las huellas de harina estaban por toda la cocina.

Pasados unos minutos y con el cucharón en mano, Luis estaba totalmente cubierto de harina y empezaba a frustrarse.

Su intención era darle un rico desayuno a sus papás, pero todo le estaba resultando al revés. Ya no recordaba qué más debía agregar a la masa, si debía meterlo en el horno (que no sabía utilizar) o en la sartén.

Otra vez se acercó a la mesa y por accidente botó una botella de leche al piso, los huevos rodaron de la mesa y se quebraron. Intentó limpiarlo, pero resbaló y su pijama se llenó de todo aquello que estaba tirado en el piso.

Por el ruido, su padre se despertó y bajó a la cocina. Luis levantó la mirada y vio a su papá en la puerta. Las lágrimas empezaron a caer de sus ojos.

El solo quería hacer algo bueno y en lugar de ello, había dejado todo hecho un desastre. Con temor, sabía que su padre lo regañaría y tal vez hasta lo castigaría. Pero su papá lo miró, se acercó lentamente a él, lo tomó en sus brazos y le dio un gran abrazo.

Pensemos en las intenciones, en el conocimiento y destrezas, en nuestras reacciones frente a los demás.

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