Los lentes del abuelo


Cheryl Walterman Stewart nos cuenta "Los lentes del abuelo", una historia que tiene un desenlace diferente a lo esperado.

Léela y reflexiona sobre las cosas que te suceden en la vida y que al inicio piensas que son cosas malas pero que se tornan realmente buenas.

Mi abuelo era de aquellos•••

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Cheryl Walterman Stewart nos cuenta “Los lentes del abuelo”, una historia que tiene un desenlace diferente a lo esperado. Léela y reflexiona sobre las cosas que te suceden en la vida y que al inicio piensas que son cosas malas pero que se tornan realmente buenas.
Mi abuelo era de aquellos que disfrutaban la vida y además era bromista. Un frío día de invierno, él pensó que alguien le había hecho una broma a él y no le hizo mucha gracia. ¿Qué había pasado? Pues él en su oficio de carpintero había estado trabajando en la Iglesia haciendo baúles de madera para ropa y otras donaciones que estaban por enviar a un orfelinato a China. Cuando regresó a casa, buscó sus lentes y ya no estaban ahí. Mi abuelo estaba seguro que los había puesto en su bolsillo sin embargo, no estaban. Regresó a la iglesia y los buscó pero no los encontró. Se dio cuenta que el bolsillo de su camisa tenía un hueco y por ahí se habían caído. Sin darse cuenta se había caído dentro de uno de los baúles el cual lo habían cerrado y empacado. Sus lentes estaban camino a China… Mi abuelo tenía 6 hijos y justo pasaban por la época de la Gran Depresión. Había gastado 20 dólares en esos lentes. Mientras regresaba a casa se decía a sí mismo: “No es justo, yo hice una buena obra, doné mi tiempo y dinero pero me pasa esto”.
Meses después, el director del orfelinato chino visitó los Estados Unidos. Su objetivo era visitar a todas aquellas iglesias que lo habían ayudado cuando estaba en China. Llegó un domingo en la noche para la hora de la misa en la iglesia a la que asistía mi abuelo en Chicago. Mi abuelo estaba sentado con su familia en la iglesia.
El misionero agradeció a la gente por haber ayudado con las donaciones y luego dijo: “Pero debo agradecer principalmente por los lentes que enviaron. La verdad es que los comunistas habían entrado al orfelinato destruyendo todo lo que teníamos, incluso mis lentes. Estaba realmente desesperado porque no tenía dónde comprar otros. Además que no podía ver bien, tenía migrañas, así que mis compañeros y yo estuvimos pidiendo mucho a Dios para que me aliviara este problema. Fue entonces que llegaron sus donaciones y justo uno de los jóvenes encontró los lentes… Cuando me los alcanzaron, me los puse y eran como si hubieran sido hechos especialmente para mí. ¡Muchas gracias!”

Todos escucharon el relato y estaban contentos por el milagro. No había en la lista de pedido de donaciones ningunos lentes. Pero sentado en silencio, con lágrimas en los ojos, mi abuelo, un carpintero ordinario se dio cuenta que el Carpintero Maestro lo había encomendado en algo extraordinario.

¿Increíble historia?

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