La fábula del león y el ratón, cuando el tamaño no es lo más importante


Es probable que como emprendedor, sientas que eres pequeño a comparación de las grandes empresas, y que nada puedes hacer para competir contra ellas u ofrecerles valor.

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De niños muchas veces hemos aprendido  muchas cosas de la vida por medio de fábulas. Pero estos relatos cortos (y milenarios) con animales o cosas como protagonistas también dan lecciones a los adultos, en particular a los emprendedores.

Aquí te compartimos una de las fábulas para reflexionar más populares: la del león  el ratón.

Una tarde muy calurosa, un león dormitaba en una cueva fría y oscura. Estaba a punto de dormirse del todo cuando un ratón se puso a corretear sobre su hocico. Con un rugido iracundo, el león levantó su pata y aplastó al ratón contra el suelo.

-¿Cómó te atreves a despertarme? -gruñó- Te-voy a devorar.

-Oh, por favor, por favor, perdóname la vida -chilló el ratón atemorizado-Prometo ayudarte algún día si me dejas marchar.

-¿Quieres tomarme el pelo? -dijo el león-. ¿Cómo podría un ratoncillo birrioso como tú ayudar a un león grande y fuerte como yo?

Se echó a reír con ganas. Se reía tanto que en un descuido deslizó su pata y el ratón escapó.

Unos días más tarde el león salió de caza por la jungla. Estaba justamente pensando en su próxima comida cuando tropezó con una cuerda estirada en medio del sendero. Una red enorme se abatió sobre él y, pese a toda su fuerza, no consiguió liberarse. Cuanto más se removía y se revolvía, más se enredaba y más se tensaba la red en torno a él.

El león empezó a rugir tan fuerte que todos los animales le oían, pues sus rugidos llegaban hasta los mismos confines de la jungla. Uno de esos animales era el ratonállo, que se encontraba royendo un grano de maíz. Soltó inmediatamente el grano y corrió hasta el león.

—¡Oh, poderoso león! -chilló- Si me hicieras el favor de quedarte quieto un ratito, podría ayudarte a escapar.

El león se sentía ya tan exhausto que permaneció tumbado mirando cómo el ratón roía las cuerdas de la red. Apenas podía creerlo cuando, al cabo de un rato, se dio cuenta de que estaba libre.

-Me salvaste la vida —dijo—. Nunca volveré a burlarme de las promesas hechas por los amigos pequeños.

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Moraleja

Esta fábula nos enseña que nunca se debe despreciar a los demás por su tamaño. Es probable que como emprendedor, sientas que eres pequeño a comparación de las grandes empresas, y que nada puedes hacer para competir contra ellas u ofrecerles valor.

Asimismo, nunca se debe menospreciar por una posición o condición. En la empresa se deben considerar las opiniones de los colaboradores, sin importar su área o cargo, ya que nunca se sabe de dónde puede venir la siguiente gran idea; tampoco juzgar a alguien por su condición o nombre, la persona que menos se espera puede convertirse en el siguiente gran cliente o socio.

Vía: cuentosinfantiles.net

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