La fábula de los dos hombres y el problema del agua


Había una vez una pequeña y linda aldea.

Era un lugar muy bueno para vivir a excepción de un gran problema: no disponían de agua a menos que lloviera.

Los ancianos decidieron resolver el problema de una vez por todos y sometieron a licitación el contrato para suministrar el agua a toda la aldea de manera diaria.

Dos personas aceptaron el reto, Eduardo y Guillermo, y los ancianos otorgaron la misión a ambos (cada uno por su lado).

Consideraron que cual competencia, los precios podrían mantenerse bajos y así asegurarían el respaldo del suministro de agua.

Eduardo salió inmediatamente a•••

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Había una vez una pequeña y linda aldea. Era un lugar muy bueno para vivir a excepción de un gran problema: no disponían de agua a menos que lloviera. Los ancianos decidieron resolver el problema de una vez por todos y sometieron a licitación el contrato para suministrar el agua a toda la aldea de manera diaria. Dos personas aceptaron el reto, Eduardo y Guillermo, y los ancianos otorgaron la misión a ambos (cada uno por su lado). Consideraron que cual competencia, los precios podrían mantenerse bajos y así asegurarían el respaldo del suministro de agua.

Eduardo salió inmediatamente a buscar dos cubetas de acero galvanizado y comenzó a correr ida y vuelta a lo largo del camino hasta un inmenso lago que se encontraba a una milla de distancia. Empezó a ganar dinero inmediatamente desde la mañana hasta la noche, llevando agua en sus dos cubetas. En la aldea depositaba el agua en un enorme tanque que habían construido los pobladores. La rutina de Eduardo consistía en que cada madrugada, antes que los demás habitantes despertaran, el partía con sus baldes para proveer de suficiente agua. Era un trabajo matador, pero él estaba contento porque ganaba dinero.

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Por su parte Guillermo desapareció por algún tiempo. Pasaron uno, dos, tres meses y no se sabía de él. Eduardo estaba feliz pues “no tenía competencia y se llevaba todas las ganancias”. Lo que pasaba con Guillermo es que tenía un plan de negocios escrito, él había creado su empresa, buscado inversionistas (encontrando 4), busco gente especializada para hacer el trabajo y regresó 6 meses después con un grupo de trabajadores de la construcción. Luego de un año, su equipo había construido una tubería de acero inoxidable de gran volumen que conectaba a la aldea con el lago. Durante la inauguración de la obra, Guillermo anunció que el agua era más limpia que la que se depositaba en el tanque (ya se habían presentado quejas de que el agua estaba sucia). También dijo que podía proveer agua las 24 horas del día, 7 días a la semana. Eduardo solo lo podía hacer en días laborables pues no trabajaba los fines de semana. Guillermo indicó que cobraría 75% menos por este suministro de agua, más confiable y de mejor calidad. Los habitantes saltaban de júbilo y corrieron al grifo al final de la tubería.

Eduardo trató de competir bajando su precio en 75%, consiguió más cubetas que ahora tenían tapas y empezó a transportar 4 cubetas en cada viaje. Contrató a sus dos hijos para que le ayudaran en el turno de la noche y los fines de semana. Pasó el tiempo y sus hijos se fueron a la universidad y no volvieron más a la aldea. Eventualmente Eduardo contrató empleados y tuvo problemas sindicales.

Guillermo pensó que otras aldeas estarían pasando por lo mismo, así que reescribió su plan de negocios y se marchó a vender su sistema de agua limpia, gran volumen y bajo costo a todas las aldeas. El ganaba un centavo por cubeta de agua entregada pero entregaba miles de millones de cubetas diariamente. Guillermo vivió feliz y tranquilo. Eduardo trabajó demasiado por el resto de su vida y siempre tuvo problemas financieros.

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Reflexión

¿Qué actitud estamos tomando frente a nuestro emprendimiento? ¿Cargamos cubetas o estamos planificando y construyendo para el futuro? ¿Trabajamos por trabajar o estamos primero pensando y luego actuando de manera inteligente?

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