La fábula de la cobra que se pasaba de amable

Dale Canergie, popular conferencista de autoayuda, cuenta en su libro “Cómo ganar amigos e influir en las personas”, que uno de los secretos para ganarse a la gente es tratarla con respeto, amabilidad y demostrar por ellos un interés sincero.

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¿Qué sucede cuando se es demasiado benevolente? ¿qué ocurre cuando se pasas de la raya y se convierte en un jefe excesivamente bueno y considerado? Vamos a tratar este tema a partir de una fábula de la que puedes sacar tus propias conclusiones. 

Dale Canergie, popular conferencista de autoayuda, cuenta en su libro “Cómo ganar amigos e influir en las personas“, que uno de los secretos para ganarse a la gente es tratarla con respeto, amabilidad y demostrar por ellos un interés sincero.

Pero, ¿qué sucede cuando se es demasiado benevolente? ¿qué ocurre cuando se pasas de la raya y se convierte en un jefe excesivamente bueno y considerado? Vamos a tratar este tema a partir de una fábula de la que puedes sacar tus propias respuestas.

En la India se cuenta la historia de una cobra que era muy conocida por su agresividad. No pasaba un día sin que atacara y mordiera a algún habitante de un poblado cercano.

Cansados de tantas muertes, los sufridos pobladores decidieron terminar con ella. Pero la cobra, astuta, sabía dónde esconderse y no había forma de matarla. Así que los ancianos del lugar se reunieron para encontrar otra solución. Finalmente optaron por traer al pueblo a un santón del que se decía que era capaz de hablar con los animales, con la esperanza de que persuadiera a la cobra para que no volviera a hacer daño. Y así lo hicieron.

En cuanto el santón tuvo la oportunidad de hablar con la cobra, éste consiguió convencerla para que dejara de ser una amenaza. A cambio, la cobra pidió al pueblo que se comprometiera a no matarla. Los habitantes del poblado estuvieron de acuerdo con el pacto: se respetarían la vida mutuamente.

Al poco tiempo la cobra decidió salir a comprobar si era cierto el compromiso. Y en efecto pudo confirmar que el pacto se respetaba. Poco a poco la cobra empezó a tener mayor relación con los humanos llegando incluso a entrar en el pueblo y dormir en casa de alguno de sus habitantes. La cobra y los habitantes del pueblo se hicieron amigos.

Pasó el tiempo y la cobra se convirtió en uno más de ellos. Incluso cambió su aspecto, más que una cobra parecía un gusano. Jugaba con los niños en la plaza del pueblo y era amiga de todo el mundo. De tan mansa que era, los vecinos fueron olvidando el pasado agresivo de la cobra, y hasta los niños la insultaban en sus juegos: «gusano miedoso y tonto», le decían.

La cobra, harta de tanto insulto y de contener su agresividad por respeto al compromiso que hizo al santon, decidió ir a verlo para buscar una solución. Se presentó en la choza donde éste vivía y le dijo:

– No sirve de nada ser buena. Fíjate cómo me lo pagan.

Y el anciano le contestó:

-Me parece que no acabaste de entenderme: Yo te prohibí matar pero no te prohibí silbar.

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Moraleja

Luego de la lectura de esta fábula, ¿a qué conclusiones se puede llegar aplicándolo a la dirección de personas? Por un lado, está la recomendación de evitar los extremos. No hay que ser un tirano, pero tampoco pasarse de blando. Se corre el riesgo de ser demasiado vulnerable y ciertas personas pueden aprovecharse de ello.

Ser demasiado benévolo también es un problema cuando un mando intermedio se preocupa más por proteger la relación personal con el equipo que por la relación profesional y la responsabilidad que tiene tiene como jefe.

Vía: elblogdelmandointermedio.com

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