El presidente y el soldado


¿Quién podría imaginar que el presidente de un país que está en guerra visite las zonas afectadas para ver el estado de sus tropas? Generalmente estos mandatarios se quedan en su sillón dando órdenes y mantienen distancia por seguridad.

Sin embargo, cuenta la historia que el ex-presidente de los Estados•••

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¿Quién podría imaginar que el presidente de un país que está en guerra visite las zonas afectadas para ver el estado de sus tropas? Generalmente estos mandatarios se quedan en su sillón dando órdenes y mantienen distancia por seguridad.

Sin embargo, cuenta la historia que el ex-presidente de los Estados Unidos, Abraham Lincoln, visitaba los hospitales durante la Guerra Civil para conversar y confortar a sus soldados heridos. Lee esta breve historia y llévate una gran lección de humildad.

Cuenta la historia que durante la Guerra Civil, el presidente Abraham Lincoln, tomaba un tiempo en su agenda para visitar los hospitales y conversar con aquellos soldados que eran heridos. Uno de los médicos le indicó que un joven soldado estaba muy cercano a la muerte. Lincoln se acercó a su cama y le preguntó: “Soldado, ¿puedo hacer algo por usted?”.

El soldado sin reconocer a su presidente, hizo un esfuerzo para responderle y le dijo: “Por favor, ¿podría escribir una carta para mi madre?” Le alcanzaron al presidente un lápiz y papel. Escribió cuidadosamente lo que el jóven soldado le dictaba: “Mi queridísima madre, fui muy malherido durante mi deber como soldado y dudo que me recupere. No te pongas triste por mí. Dales un beso de mi parte a Mary y John. Dios los bendiga siempre a ti y a mi padre.” Al notar sus pocas fuerzas, Lincoln decidió firmar la misiva por él y puso: “Escrita en nombre de su hijo por Abraham Lincoln”. 

El joven pidió ver lo escrito y quedó asombrado al leer el nombre del presidente. Se dirigió a él: “¿Es verdad usted el presidente?” A lo que él respondió: “Sí, lo soy”. “¿Hay alguna otra cosa que pueda hacer por ti, joven soldado?” – le dijo Lincoln. “Por favor, ¿podría darme la mano hasta que llegue mi fin?”, le contestó el soldado. El alto y calmado presidente tomó la mano del muchacho y le dio palabras de aliento hasta que falleció. – Albert Schweitzer

Reflexión

Podemos llegar a ser exitosos, a ocupar el mayor de los cargos soñados en una empresa, alcanzar millonarias sumas de dinero, pero nunca hay que olvidar la humildad y la solidaridad con el prójimo.

Aunque sea algo pequeño o tal vez algo más grande, siempre debemos tener tiempo para los demás, para dar una mano a quien lo necesita. No pienses que recibirás algo material o reconocimiento a cambio. Piensa en que hacer algo bueno, nos engrandece mucho más que el dinero y alimenta nuestro espíritu.

Vía: ReflexionesDiarias

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