El niño y el eco


Se ha comprobado que nuestra vida es simplemente un reflejo de nuestras acciones.

Si se desea más amor en el mundo, hay que crear más amor al alrededor. Y si se desea felicidad, hay que ofrecer felicidad a los que nos rodean.

Es por ello que te traemos un mensaje lleno de reflexión, acerca de la importancia que es creer en ti mismo, y en entender que lo tu das eso mismo se te regresa, ya sea bueno o malo

Un hombre y su hijo caminaban por las montañas. El niño se resbala y cae lastimado.

– “¡Aaahhh!”, grita dolorido.

Un segundo después, se escucha:

– “¡Aaahhh!” La voz proviene de la montaña de enfrente.

Con curiosidad, el niño pregunta:

– “¿Quién está ahí?” Recibe una respuesta:

– “¿Quién está ahí?” Molesto, el niño grita

– “¡Cobarde!” Se escucha:

– “¡Cobarde!”

– “¿Qué sucede?”, pregunta a su padre.

Su padre se acerca y le dice:

– “Hijo mío, presta atención”, le responde su padre, al tiempo que grita a la montaña:

– “¡Te admiro!” Del otro lado, la respuesta:

– “¡Te admiro!”

Con más fuerza, el hombre grita:

– “¡Eres un campeón!” y la voz repite:

– “¡Eres un campeón!”

El niño miraba a su padre, asombrado.

– “Mira, hijo, la gente lo llama eco, pero en realidad es la vida. Te devuelve todo lo que dices y haces; y esto porque nuestra vida es el reflejo de nuestras acciones.

Si quieres tener amor, hay que dar más amor, si deseas felicidad, debes dar felicidad a quienes te rodean y si quieres una sonrisa para tu alma, ofrece una sonrisa a las almas de quienes están contigo.

La vida te devolverá exactamente lo que tú le has dado. Tu vida es un reflejo de ti.”

– “Entonces, ¿la vida es un eco?”

– “Exactamente, hijo. Y aprende bien esta lección: Si no te gusta lo que recibes de vuelta, revisa muy bien lo que estás dando”.

Vía: actitudes.org

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