El alpinista y la cuerda, cuando se debe tener confianza en Dios

Hay situaciones en que uno está aferrado completamente a algo que difícilmente lo dejará de lado, como en esta historia de confianza y fe. Un joven alpinista que amaba el peligro y la aventura siempre tuvo en mente conquistar las alturas que eran su gran desafío. De tal modo que desde

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Hay situaciones en que uno está aferrado completamente a algo que difícilmente lo dejará de lado, como en esta historia de confianza y fe.

Un joven alpinista que amaba el peligro y la aventura siempre tuvo en mente conquistar las alturas que eran su gran desafío. De tal modo que desde muy pequeño tenía un gran sueño: llegar a la cima del Monte Everest.

Para llevarlo a cabo se preparó por años y cuando se sintió preparado para la gloria, decidió lanzarse a la aventura. Pero quería llegar a la gloria por sí mismo, por lo tanto subió sin sus compañeros.

Empezó a subir y subir, obsesionado por llegar a la cumbre, sin prepararse para acampar, por lo que decidió seguir subiendo sin tomar las debidas precauciones hasta que cayó la noche con gran pesadez en la altura de la montaña donde no se podía ver absolutamente nada. Todo era cero visibilidad.

Así que al subir por un acantilado, a sólo 100 metros de la cima, se resbaló y se desplomó por los aires, cayendo en esos angustiantes momentos por lo que pasaron por su mente todos sus gratos y no tan gratos momentos de su vida.

Pensaba ya morir, sin embargo, de repente sintió un tirón tan fuerte que casi lo parte en dos. Como todo alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura.

Así que en esos momentos de quietud, suspendido por los aires, no le quedo más que gritar:

-¡Ayúdame Dios Mío… !

De repente una voz grave y profunda le contestó desde los cielos:

-¿Qué quieres que haga, Hijo Mío?

-¡Sálvame, Dios Mío!

-¿Realmente crees que te pueda salvar?

-¡Por supuesto, Señor…!

-Entonces corta la cuerda que te sostiene…

Hubo un momento de quietud y silencio. El hombre se aferró más a la cuerda y reflexionó…

Cuando el equipo de rescate llega al día siguiente lo encontró colgado y completamente congelado, muerto, agarrado fuertemente con las manos a la cuerda.

¡A tan sólo dos metros del suelo!

Moraleja

El alpinista no fue capaz de cortar la cuerda y simplemente, confiar en Dios. Y es que los apegos que se tiene especialmente a los bienes materiales, son las cuerdas que hay que cortar, si es que verdaderamente se ama a Dios y se confía en Él.

¿Y tú? ¿qué tan confiado estás de tu cuerda? ¿puedes soltarla?

Fábulas de negocio para reflexionar:

Vía: centro-despertar.com
Foto: montanismo.org

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