Cómo aprendí a confiar en mí mismo

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PARA TI, LA MAYOR
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Esta vez queremos compartir contigo el relato de una experiencia que revela los miedos e inseguridades que todos podemos padece al enfrentarnos a una situación nueva.

Un día se encontró publicado un aviso en el que buscaban profesionales en el área de Informática. Puede que no sea el destino sino una mera coincidencia que en ese preciso momento se les cruzara a muchos con esa publicación.

Pero quizás muchos no se propusieron llegar a obtener el puesto, sólo superarse a sí mismos, enfrentarse ante el desafío y animarse a cumplirlo. Eso quizás haya sido la barrera, animarse. Claro, se habrá pensado que habrían cientos de personas intentando lo mismo, muchos de ellos con mucha más experiencia, más capacitados en este tipo de empleo, hasta pensar que tal vez no eran lo suficientemente buenos.

Y no era negativismo; eran miedos, miedos normales que todos tenemos. Y es que en todo aspecto de la vida siempre existe la dualidad, no existiría el fracaso si no estuviese ahí el éxito.

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Volviendo al caso de la publicación laboral, cuando quisieron darse cuenta ya había finalizado la primera etapa de selección y habían recibido un e-mail que alentaban a continuar a la siguiente. Un nuevo desafío y un nuevo «¿podré hacerlo?».

Fue dedicación y esfuerzo para dar lo mejor lo que les llevó hasta la última etapa, la más difícil, en la que debían contar una experiencia personal que les hubiese cambiado positivamente. Entonces cuando decidieron que lo mejor era contar esta misma experiencia, que, a pesar de su simpleza, es algo que les pasa a todos, y es algo que, por parecer común, poco se habla.

Y que finalmente consiguieron algo que solamente depende de ellos, decidirse, aceptar el desafío y superarse. Consiguieron algo que nadie va a quitarles y que nadie va a hacer por ellos. Consiguieron poner en práctica el «nada es imposible». Por simple o complejo que eso sea. Con esta experiencia «volvieron a aprender» que:

— Hay que animarse. La vida enseña día a día que es una sola por lo que no se deben dejar pasar las oportunidades que acercan a lo que se ansía. Y no desanimarse ante la posibilidad de no alcanzar lo que se quiere.

— El camino no es fácil, así como una casa no se construye desde el techo. Pero de a poco, se logran alcanzar los sueños.

— Debemos vivir el presente. Si se proyectan cosas a futuro, no hay que olvidar que el presente fue el futuro unos días atrás. Así que el futuro se construye con el hoy y por eso no hay que descuidarlo.

— No hay que dejar de soñar. Nadie quita lo bailado ni lo soñado. Si uno de “despierta” y se dan cuenta «que todo fue un sueño», se tiene que saber que quedan por delante muchas noches más.

Vía: Genial Guru
Foto: cultivarsalud.com

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