Heriberto Ruiz Sánchez – El rey de los hornos

H.

RUIZ HNOS.

, es la primera fábrica peruana especializada en hornos, propiedad de Heriberto Ruiz Sánchez.

De ella provienen el 80% de los hornos que se producen en el Perú.

El éxito de esta empresa trasciende fronteras, pues cuenta con más 300 clientes repartidos entre los Estados Unidos, Latinoamérica, Europa y Japón.

Detrás de esta exitosa y consolidada empresa hay una historia de dolor, esfuerzo y coraje.

Heriberto cree que la piedra angular de su crecimiento fue su dura infancia.

La muerte de su madre cuando él apenas contaba ocho años lo llevó a hacerse cargo de sus hermanos.

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H. RUIZ HNOS., es la primera fábrica peruana especializada en hornos, propiedad de Heriberto Ruiz Sánchez. De ella provienen el 80% de los hornos que se producen en el Perú. El éxito de esta empresa trasciende fronteras, pues cuenta con más 300 clientes repartidos entre los Estados Unidos, Latinoamérica, Europa y Japón.

Detrás de esta exitosa y consolidada empresa hay una historia de dolor, esfuerzo y coraje. Heriberto cree que la piedra angular de su crecimiento fue su dura infancia. La muerte de su madre cuando él apenas contaba ocho años lo llevó a hacerse cargo de sus hermanos. Su padre, comerciante, debía viajar mucho para mantener a la familia, ausentándose durante prolongados períodos.

Cumplidos once años, Heriberto se empleó en chacras de algodón y maíz. A los trece ya hacía un jornal entero. “Era todo un maestro”, dice con orgullo, recordando que a pesar del tiempo que le demandaba el trabajo, se daba maña para inventar sus propias herramientas y fabricar sillas, muebles y cepillos de zapatos. A los 20 años llegó a Lima, trepado en un camión de limones y detrás de un amor. “Bueno en los negocios, malo para el corazón”, se confiesa.

En la capital, Heriberto debía buscar cómo ganarse la vida. Empezó como soldador de autos en La Victoria. “Los camioneros me preguntaban cuánto ganaba soldando y me ofrecían el triple, pero a mí no me interesaba. Yo sabía qué quería: mi propio negocio”.

Un mes y medio después sentía que había aprendido suficiente como soldador de autos y solicitó empleo en el taller de mecánica del suizo Franck Urlich, el inventor del primer horno para asar pollos en el Perú. Ahí pasó de simple soldador de piezas a maestro ensamblador. Urlich, que le tenía confianza y cariño, le propuso aumentarle el sueldo al triple con tal de que se quedara con él, pero Heriberto ya había trazado su propio camino: montaría su propia fábrica de hornos.

Con la liquidación de varios años de trabajo alquiló un local en la Avenida El Porvenir y una máquina de soldar. Empezó solo aunque, poco a poco, fue trayendo de Tongorrape (Lambayeque), su pueblo natal, a sus hermanos Simón, Benjamín y Manuel.

Hoy tiene 50 trabajadores, 70% de los cuales son sus familiares. “Ellos saben que acá la cosa es igual para todos, no hay privilegios”, sostiene. Tres de sus hijos han seguido sus pasos y se ubican en puestos clave: Heriberto Augusto, en la administración; Magdalena, en la contabilidad; y Flor a cargo de las ventas en New Jersey (Estados Unidos).

Al crecer su negocio Heriberto mudó su taller de soldadura a la avenida Nicolás Ayllón, sobre un terreno que compró consciente de que “algo grande estaba haciendo”. Su responsabilidad, disciplina y puntualidad le han hecho de tal fama que los propios clientes de fuera tocan sus puertas para comprarle los hornos. “Uno se recomienda por su trabajo”. Y en esa frase resume su éxito.

Fuente: Tiggres

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