Existen tantas cosas por hacer y tan poco tiempo para hacerlas


 ¿No se ha sentido así en más de una oportunidad?, abrumado por tantas responsabilidades, tareas, proyectos y roles que asumir.

Y mirándolo desde una perspectiva mucha más amplia, cuántas cosas dejamos pasar por que NO tenemos tiempo.

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¿Cuánto de esta realidad se replica en su vida? Es común observar a•••

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 ¿No se ha sentido así en más de una oportunidad?, abrumado por tantas responsabilidades, tareas, proyectos y roles que asumir. Y mirándolo desde una perspectiva mucha más amplia, cuántas cosas dejamos pasar por que NO tenemos tiempo…

¿Cuánto de esta realidad se replica en su vida? Es común observar a las personas, especialmente en el mundo occidental, corriendo por la vida tratando de cumplir con un sinnúmero de requerimientos, a tal punto que se sienten esclavos del tiempo. Estar condicionados al reloj, la apretada agenda y las múltiples actividades se ha constituido en un deporte con adrenalina, donde estar apremiados por muchas cosas por hacer y horarios que cumplir es la rutina del día a día. Asimismo, estas actividades al estar cargadas de emociones según el rol que estamos desempeñando en determinado momento; tales como padre, hijo, amigo, trabajador, directivo, pareja, etc., conllevan niveles de estrés, que abruman a muchas personas.

Sin embargo, pocas veces nos hemos tomado un tiempo, muy pequeño, para nosotros y hemos reflexionado en cómo podríamos “sacarle el mejor partido al tiempo que disponemos”. Lo cierto es que 24 horas al día es una ley natural de la vida que nos alcanza a todos. Sin embargo, ¿por qué no todos nos sentimos igual con respecto al tiempo? La diferencia fundamental esta en distinguir los términos de lo urgente de lo importante, toda vez que siempre habrá múltiples requerimientos y muchas veces tendremos que elegir, para tomar una decisión responsable.

A primera vista todas nuestras actividades pueden ser importantes y urgentes a la vez. Al respecto Michael LeBoeuf, profesor de la Universidad de Nueva Orleans dedicado al control del tiempo, hace esta observación: “Las cosas importantes raramente son urgentes, y las urgentes raramente son importantes. La urgencia de arreglar un neumático pinchado cuando uno llega tarde a una cita es mucho mayor que recordar pagar el seguro del automóvil, pero su importancia [el neumático] es, en la mayoría de los casos, relativamente pequeña”.

Este profesor termino lamentándose: “Desgraciadamente, muchos de nosotros pasamos nuestra vida solucionando contratiempos menores bajo la tiranía de lo urgente. El resultado es que pasamos por alto las cosas de la vida que son menos urgentes, pero más importantes. Eso acaba con la efectividad”.

Por ello, cuando establezca prioridades, es necesario que siempre nos preguntemos qué actividades son verdaderamente importantes, y actuar en consecuencia con este análisis, dedicándole a éstas la mayor parte de nuestro tiempo. De hecho, todos concordaremos que es mucho más gratificante dedicarse a actividades que produzcan resultados importantes, que tengan impacto, que el simplemente estar dedicándonos a los asuntos que se van presentando en cada momento. Sin embargo, aquí es necesario precisar que todos en algún momento tenemos que realizar algún trabajo que no sea de nuestro completo agrado, tal vez porque sea muy tedioso, mecánico, o no seamos muy competentes en ello, no obstante ganaremos mucho tiempo si nos decidimos a realizarlo de una vez, en vez de lamentarnos una y otra vez, desperdiciando tiempo en ello.

Dedicarnos a las cosas más importantes en cada una de las dimensiones de la vida (laboral, comunitario, familiar y personal) nos ayudará, en gran medida, a evitar el apremio de lo urgente. Cuántas veces nos ha sucedido que por no dedicarnos de manera concienzuda a la realización de algún trabajo, informe o proyecto, este finalmente ha provocado alguna crisis o alguna urgencia. Y en lo familiar, por no esforzarnos en dedicarles suficiente tiempo a nuestros hijos, cultivando una estrecha relación con ellos, basada en la confianza, acaban distanciándose de nosotros, buscando guía y dirección en otras personas. O en lo personal, al ir postergando nuestros controles anuales de salud, o sencillamente nuestro descanso o recreación oportuna, terminamos estresados y enfermos. Si, tal vez andamos tan de prisa que no tengamos tiempo para reflexionar en cómo estamos utilizando nuestro tiempo.

Si, el dedicar tiempo a los asuntos más importantes, como la planificación, la prevención, los proyectos nuevos o de mejora, las relaciones humanas, la determinación y clarificación de valores o la recreación equilibrada, nos permitirán aumentar nuestro círculo de influencia, de tal manera que podamos reducir los imponderables asociados a las urgencias (problemas apremiantes, informes con fechas por vencer, etc). Sin embargo, surge una pregunta obvia ¿Cómo hallar tiempo para las actividades más importantes de la vida? Sólo hay una manera, y es “comprando” tiempo de actividades menos importantes e intrascendentes, como las reuniones e informes que pueden evitarse o las trivialidades o distractores de tiempo, para dedicarlo a los asuntos realmente importantes de la vida, de acuerdo a nuestros valores gobernantes.

Recordemos, el tiempo no se ahorra ni se acumula. El tiempo que pasa ya no se puede recuperar, por lo tanto, lo mejor que podemos hacer es administrarlo, seleccionando las actividades apropiadas para realizarlas en el momento oportuno así como desarrollar las perspicacia necesaria para que, sobre la base de nuestros valores gobernantes, determinemos las actividades que son más importantes y que producen mejores resultados, y en consecuencia, dedicarles nuestro tiempo.

Escrito por Omar Guevara, docente del CIDE-PUCP


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