Descubre a los empleados no productivos

En las empresas por lo general existen varios tipos de empleados, los que son productivos y los que no los son (en el inicio eran productivos pero con el transcurrir del tiempo, las cosas cambian).

Hay que buscar métodos para reconocerlos y corregirlos, se debe evitar que esta actitud y malos hábitos se contagien al resto de compañeros e intoxiquen al equipo.

Ignacio Ramos, responsable de la división de Hays Retail, asegura que existen dos formas fáciles de reconocerlos: “Cuando su productividad en relación al número de horas que pasan en la oficina es menor que la de sus compañeros,…

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En las empresas por lo general existen varios tipos de empleados, los que son productivos y los que no los son (en el inicio eran productivos pero con el transcurrir del tiempo, las cosas cambian).

Hay que buscar métodos para reconocerlos y corregirlos, se debe evitar que esta actitud y malos hábitos se contagien al resto de compañeros e intoxiquen al equipo.

Ignacio Ramos, responsable de la división de Hays Retail, asegura que existen dos formas fáciles de reconocerlos: “Cuando su productividad en relación al número de horas que pasan en la oficina es menor que la de sus compañeros, o porque nunca están cuando se pregunta por ellos”.

Algunos pasan largas jornadas en la oficina navegando por Internet, usando las redes sociales, su correo, tomando cafés con frecuencia o saliendo a fumar cada poco tiempo. Otros apenas pisan el despacho. Alegan reuniones, comidas de trabajo o importantes citas de negocios que les impiden cumplir con su horario laboral.

Descubrirlos lleva su tiempo. Algunos han perfeccionado tanto el arte del vivir del cuento que, a veces es complicado desenmascararlos. Éstos son los que asisten a las reuniones donde aparentan aportar ideas en el debate, aunque luego éstas no se suelan poner en práctica; mandan las con copia a todo el mundo sobre asuntos que se podrían llevar a cabo y que luego quedan en nada; son ruidosos y no dudan en parecer mártires ante sus jefes para hacer ver que están hasta arriba de trabajo.

Ignacio Ramos cree que lo primero que hay que exigir a un empleado que vive del cuento es “una recuperación de esas horas perdidas”. Si esta medida no causa efecto y el escaqueado no se da por aludido, el responsable “deberá tener con él una reunión formal para atajar el problema de raíz y advertirle de que tendrá que cambiar su actitud”. Si ni siquiera esto funciona, Ramos considera que “hay que poner en práctica las medidas legales que recoge el Estatuto de los Trabajadores como, por ejemplo, la suspensión de empleo y sueldo. Y si la ausencia es prolongada e injustificada en el tiempo se procedería a un despido disciplinario”.

Vía: Expansión

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