Salud – Acorralado con sus pacientes – La Crónica del Quindí­o

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S.

A.

S.

Repasó la programación de diciembre y cayó en la cuenta que las equis superaban  las consultas y los procedimientos previstos.

En la página de su computador aparecían canceladas la mayoría de ellos, tanto en el hospital como en las clínicas, donde cumplía hacía 6 meses su tarea como médico especialista.

 Resintió la suerte negativa que le tocó vivir compartida con los compañeros recién graduados de otras especialidades.

Sabía que según el colegio médico colombiano…

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Repasó la programación de diciembre y cayó en la cuenta que las equis superaban  las consultas y los procedimientos previstos. En la página de su computador aparecían canceladas la mayoría de ellos, tanto en el hospital como en las clínicas, donde cumplía hacía 6 meses su tarea como médico especialista. 

Resintió la suerte negativa que le tocó vivir compartida con los compañeros recién graduados de otras especialidades. Sabía que según el colegio médico colombiano hay una falta de especialistas cercanos a los 40.000, compatibles con el informe entregado por Minsalud que estimó el déficit en 38.000 para el año 2030. Consideró que la inversión hecha durante 5 años para prepararse se convirtió en un calvario por la falta de previsión de las directivas de la salud y del contagio universal del virus.  

El asunto de las cancelaciones lo confundió por la suerte de sus pacientes, lo alertó sobre el papel de las instituciones de salud en la atención de otras enfermedades diferentes a la Covid-19 y, por supuesto, lo confundió por las cuentas a pagar. Reconoció el valor de las restricciones por la gravedad del Coronavirus y el efecto negativo sobre la economía, pero creyó que los enfermos no podían quedar a la deriva, sin atención, y los médicos sin recursos para sobrevivir. 

Analizó los datos de las citas y procedimientos cancelados entre diciembre y enero y concluyó que si el 2021 comenzó negro para sus pacientes, él se sentía igualmente acorralado por las obligaciones. La conciliación bancaria resultó infructuosa. Se sintió decepcionado con la organización del sistema de salud y con la profesión. “La seguridad de conseguir un buen empleo y la estabilidad económica pregonada durante mis estudios quedó en nada”, concluyó. 

Refundido en la silla de su escritorio se dijo que los pacientes ganaron un gastroenterólogo pero perdieron un internista que bien podría suplir la escasez de médicos en especialidades básicas. Más grave para él que recibía un trato inesperado, después de las penalidades sufridas durante los estudios, ahora tenía la obligación financiera de responder ante los bancos acorralado como sus pacientes.

La tragedia del coronavirus desnudó el perverso sistema de salud que abandonó a los enfermos y condenó a los especialistas médicos al desempleo, que aunque temporal, ocasiona irreparables consecuencias para la supervivencia de ellos y de sus pacientes. La falta de previsión para garantizar un buen servicio de salud ofende, porque antes demoraban varios meses para dar una cita con un especialista y ahora las cancelan. 

Resistir, no encontró otra palabra más apropiada para el crucial momento que vive con sus pacientes. Recordó a Juan Negrín con la célebre frase “Resistir es vencer”, colega médico español, especialista en fisiología, que como político participó activamente en la guerra civil española. Decidió comunicarse con sus pacientes para mantener una relación que humanizara la desatención obligada, se refugió en el poeta Juan Gelman: “Hay que aprender a resistir./ Ni a irse ni a quedarse,/ resistir,/ aunque es seguro/ que habrá más penas y olvido”.

Fuente: www.cronicadelquindio.com

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